EDITORIAL

Alertas ante el invierno

Una situación de emergencia viven algunas zonas de Colombia, con motivo del invierno. El problema es recurrente y en esta ocasión lleva más de 300 muertos y dos millones de damnificados, en todo el país. Los departamentos más afectados por esta ola invernal son Valle del Cauca, Santander, Cundinamarca, y en la región Caribe: Atlántico, […]

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Una situación de emergencia viven algunas zonas de Colombia, con motivo del invierno. El problema es recurrente y en esta ocasión lleva más de 300 muertos y dos millones de damnificados, en todo el país.
Los departamentos más afectados por esta ola invernal son Valle del Cauca, Santander, Cundinamarca, y en la región Caribe: Atlántico, Bolívar, Córdoba y Cesar, según las estadísticas de los organismos de socorro.
En el caso del Cesar, esta vez preocupa lo que está ocurriendo en la zona norte y en particular en Valledupar, donde tenemos un problema crónico y una tragedia en potencia con los barrios ubicados en la margen derecha del río Guatapurí, donde miles de familias se resisten a desalojar para ser reubicadas y en lugar de ello prefieren, todos los años, para esta misma época padecer las consecuencias del invierno en lugar de atender las recomendaciones de las autoridades.
El atractivo que tiene Valledupar con el río Guatapurí, cuyas aguas son la principal distracción de la mayor parte de sus habitantes, principalmente de los pobres, es un gran riesgo, a la vez, y esto no se debe soslayar. El municipio tiene muchas zonas rurales y urbanas expuestas al riesgo de deslizamientos, derrumbes e inundaciones.
El caso del balneario Hurtado, donde el río ha venido llevándose partes del Parque Lineal, demuestra que estas obras no se hicieron con toda la planificación, diseños y especificaciones técnicas. Los funcionarios públicos que contrataron estas obras tenían que prever el impacto del aumento de las aguas que el río presenta periódicamente y adoptar los mecanismos técnicos de contención.
Ojalá la Secretaría de Obras pudiera intervenir para realizar algún tipo de prevención y evitar que el río siga dañando aún más esta obra que era uno de los principales atractivos de Hurtado. Los organismos de control deben adoptar las decisiones del caso para establecer el eventual detrimento al patrimonio público en el cual pudieron incurrir los funcionarios públicos que tuvieron que ver con la contratación, la construcción y la interventoría de estas obras.
Ha hecho bien la administración municipal en activar los comités locales de emergencia, para afrontar la situación que se está padeciendo. La misma amerita la máxima alerta, y estar prevenidos ante nuevas y eventuales crecientes del río. Los organismos de socorro, las autoridades de Policía y de salud tienen que estar bien atentos a la evolución del río, en los puntos más críticos. Pero, para que estos protocolos cumplan su cometido se requiere que la ciudadanía y principalmente quienes habitan cerca del río y los bañistas que disfrutan de Hurtado colaboren con las autoridades atendiendo sus llamados de manera responsable, atenta y oportuna.
Los comerciantes informales y – en general- quienes viven del turismo en el río tienen que comprender lo preocupante de la situación y colaborar en la solución de la misma. Es cuestión de días y de estar atentos y prevenidos, cuando se calmen las aguas, y así será más temprano que tarde, podrán volver a explotar sus negocios. Lo más importante es tener una actitud prevenida y evitar la pérdida de vidas humanas, ante todo. La prevención, lo reiteramos, depende de la buena colaboración de la ciudadanía con las autoridades civiles y de policía.

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