El tiempo pasa muy rápido. Hace treinta años, también en el mes de octubre, la Academia Sueca de las Letras le otorgaba el Premio Nobel al escritor colombiano, Gabriel García Márquez.
El alborozo fue general, se trataba del máximo galardón de la literatura universal a un hijo de estas tierras, un hombre Caribe, de origen guajiro y criado en estas tierras, en las que reconoce los orígenes de su obra literaria.
Por estos días, su obra sigue siendo reconocida. El Premio Nobel de Literatura 2012, el Chino, Yo Man, reconoce con orgullo que la obra del colombiano ha influido en la suya, que “Cien años de Soledad”, le sirvió para inspirarse y plasmar los cuentos y leyendas del pueblo chino en sus cuentos y novelas.
Además, el gobierno de México, país donde vive hace más de cincuenta años, le ha otorgado la Medalla Bellas Artes, la distinción más alta del Estado mexicano; y un grupo de periodistas, algunos amigos y discípulos suyos, le han reconocido esta semana sus aportes al oficio, al manejo del idioma con elegancia, sencillez y concisión, en el género de la crónica, principalmente.
