EDITORIAL

¿Luz verde al T.L.C?

Con bombos y platillos ha salido el gobierno nacional a anunciar el visto bueno del Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, al Tratado de Libre Comercio (TLC), como resultado de su reunión con el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, de visita en el poderoso país del norte. Después de cinco años de […]

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Con bombos y platillos ha salido el gobierno nacional a anunciar el visto bueno del Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, al Tratado de Libre Comercio (TLC), como resultado de su reunión con el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, de visita en el poderoso país del norte.
Después de cinco años de firmado el TLC, una iniciativa bandera para en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, el TLC con Colombia sigue en el limbo, mientras ha sido aprobado el de Perú, Panamá y Corea, entre otros países.
La noticia da margen para un optimismo moderado, pero no para cantar victoria sobre un proceso que acá se aprobó rápido, por parte del Congreso de Colombia y también las Cortes que revisaron el tratado, pero allá ha tenido una suerte incierta que no se compadece con la reciprocidad que debería haber entre estas dos naciones, socias y amigas, al fin y al cabo, así la primera sea la potencia número uno del mundo.
El hecho concreto es que Obama se ha comprometido a enviar al Congreso norteamericano, el proyecto el próximo 22 de abril, pero de allí a que el legislativo de EEUU lo apruebe, hay un trecho bien grande. El TLC con Colombia tiene mejor ambiente entre los republicanos que entre los demócratas, pero las relaciones bipartidistas allá han afectado la evolución del Tratado, en detrimento de las aspiraciones de nuestro país.
Adicionalmente, todavía falta por realizar una nueva serie de tareas que le han reiterado a Colombia, en materia de legislación laboral, derechos humanos, entre otros aspectos.  En realidad, nuestro país no ha sabido defender el tema de los derechos humanos, como tampoco el de la protección a los sindicatos y sus directivos.
El Estado y la sociedad colombiana no pueden aceptar, como condición para firmar un tratado comercial, que en Colombia el asesinato y la persecución a los sindicalistas sea una política de estado; cuando nuestro conflicto por sus características tan complejas implica, también, riesgos para otros sectores sociales, como los campesinos, los periodistas, inclusive los ganaderos y agricultores, independientemente de su militancia política.
En ese orden de ideas, quien nos garantiza que, ahora sí, los congresistas que se oponen al TLC con Colombia, ahora sí acepten lo que el país ha avanzado en esta materia y lo que se viene haciendo, desde la gestión de Santos Calderón como vicepresidente  y ahora la de Angelino Garzón, un veterano sindicalista, desde el mismo cargo.
Lo que Estados Unidos ha hecho con Colombia, hay que decirlo sin ambigüedad, es otra forma de proteccionismo, que no se compadece, reiteramos, con los compromisos que nuestro país ha tenido con esa Nación, en materia de lucha contra el narcotráfico, lucha contra el terrorismo, entre otros temas de la agenda bilateral.
Independientemente de la evolución del TLC, tema sobre el cual el pesimismo sigue siendo grande, Colombia debe seguir adelantando una política protección y promoción de los derechos humanos, en general, y de protección de la asociación sindical; como también hacer las millonarias inversiones que requiere en materia de infraestructura y las reformas pendientes para hacer  más competitivo, eficiente y productivo, su aparato productivo. Pero no debe permitir ese condicionamiento, por lo menos en el tema laboral,  a la aprobación del TLC.
Igualmente, tenemos el imperativo de buscar nuevos mercados y diversificar el destino de nuestras exportaciones, a la misma Venezuela, a Ecuador, a otros países de la Región, como el gigante Brasil, y mirar otros continentes, sin fundamentar ese aumento de sus exportaciones en ningún tipo de prebendas, sino en una mayor eficiencia, competitividad y productividad.

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