Una de las mayores riquezas de la música vallenata está en sus canciones; en su letra, en sus mensajes, en su profundidad, en su poesía, en su narrativa, entre otras cualidades.
En efecto, la creatividad, la fuerza de su poesía, su naturalidad, su lenguaje sencillo, su narrativa, sus vivencias, y su sentido de la vida, entre otras virtudes, la dan una importancia y una fuerza similar a la de las letras de la música ranchera mexicana, o a la del tango argentino, sin hablar de la tradición y vigencia del bolero, para citar sólo algunos géneros entre los más populares de América Latina.
Los estudiosos de la historia de la música vallenata han coincidido en que esta ha tenido muchos cambios, desde sus inicios, hace más de cien años, hasta nuestros días.
En una primera etapa, las composiciones de lo que hoy llamamos música vallenata eran, insistimos, elementales, muy sencillas y con mensajes directos y acertados.
En esa primera etapa, fue una letra elemental, inclusive vulgar, sobre las relaciones hombre- mujer, y la analogía del hembra- macho, entre los animales; además de las canciones a la naturaleza, por supuesto a la mujer, a los temas políticos, entre muchos otros.
Hubo una segunda fase, por decirlo así, de las letras de la música vallenata. Cuando personas con un mayor grado de educación y lectores y admiradores la poesía universal y en particular de la española, comienzan a componer música vallenata. Sin lugar a dudas, las letras de las canciones vallenatas alcanzan un grado alto de madurez literaria, cuando surgen personajes como Tobías Enrique Pumarejo, Rafael Escalona Martínez, el mismo Leandro Díaz, Juancho Polo Valencia, entre otros, cuyas canciones tienen una poesía sencilla, con metáforas hermosas, a pesar de esa misma sencillez. Además, está la fuerza narrativa de muchas de sus historias, fundamentadas en hechos de la vida real, el amor, el desamor, la amistad, la adversidad de la naturaleza, la política, la religión, entre muchos otros.
En un principio, muchas de nuestras canciones, fueron compuestas por campesinos rasos, gente humilde, que- a pesar del analfabetismo de muchos de ellos, tenían una gran capacidad de cantarle al amor, a la amistad, a la naturaleza, etc, con un gran sentido poético y con una intención de comunicar, agradar, reconstruir un mundo, que es lo que en el fondo busca toda obra literaria y artística.
Luego llegó la época del vallenato romántico, en parte con el mismo Leandro Díaz, pero luego con compositores como Freddy Molina, Gustavo Gutiérrez, Octavio Daza, Efrén y Roberto Calderón, entre otros, con los cuales el vallenato entró al romanticismo y conquistó nuevos adeptos, fuera y dentro del país, que se fascinaron con los cantos al amor, al desamor, a la traición, etc, con una factura distinta y universal; el amor es un tema que involucra al ser humano esté donde esté, y durante toda su vida.
Luego, surgieron otros nuevos compositores, también de la línea romántica, algunos de ellos con razones vivenciales, pero otros alimentados por la lectura rápida de mucha poesía española, sin comprender, a cabalidad, su significado y alcance.
Hoy existen muchos compositores de música vallenata, cuyas canciones no tienen mucha trascendencia. Algunos de ellos sólo componen para el Festival, los llaman los Festivaleros, pero las letras de sus canciones no tienen mayor comunicación y se quedan en coros, en estribillos que no comunican nada, que no dicen nada…
Algunos lo hacen más por comercio, que por afición o vocación, muchos pensando más en el lucro que genera este tipo de productos culturales. Por las anteriores razones, nos atrevemos a decir que hay una crisis de la canción vallenata. Que muchos compositores están componiendo canciones y divulgándolas, a pesar de su mala calidad, solo por el ánimo de lucro, por el deseo de fama y de dinero, haciéndole un gran daño al folclor. Por supuesto, siguen existiendo también compositores buenos, sinceros, profesionales, etc, pero estos son una minoría.
En ese orden de ideas, nos atrevemos a sugerir una revisión a fondo, por parte de la Fundación del Festival, y de muchas otras instituciones, como Sayco, para rescatar la profundidad y la riqueza de las canciones de la música vallenata. Este sería un primer paso para comenzar a analizar, debatir y discutir, salidas a la crisis en la que está la canción vallenata.
