La primera vez que supe que las ciudades también tenían un espacio en el campo de las Relaciones Internacionales fue cuando leí sobre paradiplomacia en la revista CIBEI, hace un par de años. De inmediato el término llamó mi atención, pues estamos acostumbrados a leer de manera peyorativa el sufijo “para-”, que asociamos con un pasado violento reciente, pero este término no tiene relación alguna con el paramilitarismo.
Paradiplomacia, en palabras sencillas, son las acciones que llevan a cabo entidades subnacionales -municipios o departamentos en el caso colombiano- en paralelo con la política exterior de un Estado. Estas acciones no son un reemplazo ni compiten con la política exterior del Estado, pues este es el único encargado de dirigir las relaciones internacionales de un país. No obstante, abre una ventana de oportunidades para que las unidades subnacionales gestionen de manera directa y autónoma recursos de cooperación internacional, así como su relacionamiento con el exterior.
Otras oportunidades del ejercicio de la diplomacia en las ciudades son el posicionamiento internacional, el desarrollo de una marca ciudad, la atracción de inversión extranjera directa y turismo. Por otro lado, su relevancia responde a la realidad del siglo XXI, donde cerca del 56% de la población en el mundo vive en las urbes, y este dato es mayor si se habla de América Latina donde es el 80%. En ese sentido, son las ciudades donde suceden gran parte de los fenómenos económicos, sociales y políticos.
Este es el prefacio de una serie de columnas en las que trataré la diplomacia de ciudades desde varios puntos: definición, debate en el campo de las Relaciones Internacionales, casos prácticos, su estado en Colombia y las oportunidades para Valledupar, por nombrar algunos.
El nombre de esta serie es “Brújula de los cuatro aires”, en honor a los cuatro aires del vallenato, un legado cultural originario de donde escribo estos textos. Además, es una brújula porque el objetivo de esta serie es introducir al debate público la diplomacia de ciudades en Valledupar y que en algún momento esta tenga una estrategia de internacionalización sólida.
Es importante resaltar que este ejercicio se da desde la academia, lo que implica investigación y rigurosidad, sin embargo, mi objetivo también es traducir a un lenguaje sencillo y cercano estos temas. La invitación es cada 15 días con esta serie de columnas que empiezan desde hoy. Este camino lo empiezo solo, pero estoy convencido que sumaré aliados hacia la recta final del proyecto.
La tesis con la que emprendo este camino recae en que la capital mundial del vallenato se ha quedado corta en honrar la atribución de “mundial”, aun teniendo cómo hacerlo. También parto de la idea que Valledupar y el Cesar están estrechamente conectados con el exterior desde la cultura hasta el carbón, pasando por sus relaciones con Venezuela e incluso islas del Caribe. Pero antes de ahondar en Valledupar, primero es necesario contextualizar la discusión, por eso en la siguiente columna abordaré el concepto de diplomacia de ciudades y los debates que se han dado desde las Relaciones Internacionales.
Por: Sebastian Manotas Garrido– Internacionalista con énfasis en política internacional y diplomacia.











