El atroz caso de violación en manada a una mujer de 24 años mantiene a Valledupar en estado de conmoción y desesperanza. A las mujeres se nos recuerda una vez más que no estamos seguras en ninguna parte ni con ninguna compañía. El dolor que causa este crimen es tan profundo que no alcanza a ser plasmado en palabras.
El 8 de marzo a propósito de la marcha en conmemoración del día de la mujer, leí muchos comentarios en redes sociales, principalmente de hombres en los que se evidenciaba que no entienden ni les interesa entender por qué el feminismo exige políticas orientadas a la equidad de género y a la prevención de violencia contra la mujer. “Vayan a la cocina”, “No aportan nada a la sociedad”, “Están buscando 5 mujeres para descargar un camión de cemento”, “Feminazis”, nos decían.
No entienden ni les interesa entender que nuestra rabia es digna y nuestra lucha justa. Que casos como el de este 15 de marzo no son aislados sino que se han presentado desde hace muchos años alrededor del mundo y en nuestra ciudad. Que hacen parte de una estructura que refuerza los estereotipos de género y justifica la violencia contra la mujer. Que sus comentarios “chistosos” pueden tener efectos devastadores sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas. Señalan de enfermos y depravados a los 5 sujetos que perpetraron el acto, sin darse cuenta que sus palabras en esos comentarios, pueden alentar a este tipo de personas a violentarnos. Sin reflexionar siquiera en cómo su propio comportamiento, contribuye a que, en la mente del violador, la mujer merezca ser agredida y humillada.











