Valledupar es una ciudad con una riqueza cultural, gastronómica y ambiental inimaginable, su posición geográfica la ubica en ese valle con el que Dios un día premió a este suelo, y nos lo regaló entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá. En los últimos años su crecimiento poblacional ha sido considerado, aunado a ello, el éxodo de Venezuela u otros factores, es menester precisar que también han aumentado todos los problemas sociales. ¿A mayor número de habitantes? ¡Mayores cosas por atender…!
Pasamos de ser aquel mítico pueblo del Cacique Upar, de cantos de vaquerías y leyendas, de casas coloniales a ser la Capital Mundial del Vallenato, y precisamente porque celebramos en abril, la fiesta más importante para los vallenatos, donde engalana a nuestro amado folclor. ¡Vaya, qué presea carga en los hombros la maternal, centenaria y bravía…!
Esta minúscula presentación de la paciente que sometimos a una radiografía y arrojó en el estudio unos síntomas particulares y detallados, los cuales son: criminalidad, mototaxismo y pobreza monetaria.
Ante esto y como soplo del espíritu santo, saco de los recovecos de mi memoria, aquella vieja cátedra de nuestro insigne profesor Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, en mi paso por la UPC. Recuerdo que en Sociología Jurídica y Criminología nos enseñó con la precisión de un relojero que, en el crimen, no solo confluía la voluntad de aquel que infringía la norma, ahí no solo estaba esa vertical voluntad del autor o interviniente de la conducta desviada, sino que estaban inmersos unos factores, tales como educación, empleo, pobreza, apoyo institucional, etc.











