Por Mary Daza Orozco
El columnista José Miguel Alzate se pregunta: “¿Nos estamos acostumbrando los colombianos a vivir con la violencia?” Mi respuesta es: ya nos acostumbramos. Él hace alusión a la más reciente novela de Fernando Soto Aparicio, ‘Agonía de una flor’, sobre una niña mutilada por una mina antipersona.
Y sí, el problema en nuestro país, ante el larguísimo camino de muerte, de desgracia, de dolor, es el acostumbramiento que nos ha llevado a la más cruel indiferencia. Indiferencia ante los que todavía sufren, los que se vieron obligados a dejar sus tierras, desarraigo sin sentido, hasta los que con un luto de por vida lloran a seres de sus entrañas y de sus afectos que terminaron o lanzados a un río o enterrados en parajes perdidos.




