Por Mary Daza Orozco
Después de tantos años de escribir diariamente en El Espectador, en El Pilón, en revistas, en magazines estudiantiles, prólogos de libros, libros, es mucha la historia local, nacional y aun mundial que se acumula. Hurgando en mis archivos encontré una de esas historias que revalidan la vida de la gran provincia a la que Gabo se le dio por llamar Macondo.
Tres crónicas en papel amarillento, escritas al pie de un milagro, aquí las veo y siento un poco de nostalgia, porque eran tiempos aparentemente tranquilos, no había comenzado la violencia furibunda.




