Cuando salimos de Electricaribe celebramos, pensando que peor mal que ese era imposible. De hecho algunos, incluso en tiempos de Electricaribe, hasta añoramos las épocas de la Electrificadora del Cesar. Pero, ni en el peor escenario, nos imaginamos que el remedio sería peor que la enfermedad.
Y llegó el Grupo EPM, a través de su filial Afinia, a prestar el servicio de energía en el Cesar y en varios de los municipios de algunos departamentos del norte del país.
Un Grupo EPM que, parece, no analizó que recibía una cartera alta y una infraestructura con necesidad de costosas inversiones; que pareciera no cálculo la rentabilidad del negocio en el que se estaba metiendo; que parece no haber hecho un estudio serio de cuánto tendría que invertir y que al parecer no conocía la cultura histórica de pago de los usuarios en departamentos como el Cesar. Un Grupo EPM que al parecer llegó sin un plan contundente de inversión social.




