En ese afán que tiene el hombre de imponerse, de ser absolutamente dominante, el rey de la tierra y dueño por demás de su riqueza, que a la postre termina siendo su ruina, se ha visto abocado a exterminarse entre sí.
El ser humano, se ha enfrentado en una lucha perenne desde su aparición a su misma especie. La única razón posible es el poder, y no hemos visto una sociedad libre de guerras; sea cual sea la época y los espacios que analicemos que no haya sufrido de este flagelo; encuentros violentos entre pueblos, entre reinos, entre tribus.
La guerra nos ha acompañado a lo largo de la historia, y penosamente debemos aceptar que, como seres humanos, somos violentos por naturaleza.




