Por Mary Daza Orozco
Lo conozco desde hace tiempo, somos amigos incondicionales, hablamos con mucha frecuencia, sobre lo cotidiano, la gente, la vida, el arte, la escritura, la tristeza de tener una tragedia en casa, la alegría de un premio que se demoran en pagar cuando las necesidades del dinero, ganado con poemas, son muchas. Coincidimos en muchas apreciaciones sobre el existir, sobre la crueldad de los humanos que van lanzando críticas sin detenerse a pensar en la herida que pueden infligir; sobre los amigos lejanos, que quisieran estar en estos momentos aquí, y nos sentimos solitarios e incomprendidos.
Ayer mi amigo, en su columna semanal, lanzó un grito de angustia, lo percibí y lo entendí perfectamente: no es fácil ver cómo la vida de todos los nuestros se va resquebrajando y amenaza con esfumarse y dejarnos solos. Él ha sido valiente, nunca pensé que lo fuera tanto, dada su sensibilidad de artista, el dolor y las circunstancias lo han llevado a demostrar una fortaleza y responsabilidad que ya quisieran muchos tener.




