Les cuento, fui con Mercy, mi adorada hembra a votar a Guacoche, directo al colegio que tiene un nombre raro para ellos, pues debería llamarse Marcelo Romero Churio, su fundador y apenas nos bajamos del carro comenzó el “ñor Jose” como está, señora Mercy que gusto verla, por todas partes, de la mano nos llevaron hasta la puerta que estaba full de gente, pero nos hicieron pasar por nuestra edad y adentro fue peor, ya con abrazos y me encontré con Joffre, un hijo de crianza, hermano de mis hijos que entre otras cosas me indicó que vivía en la parte de atrás y ‘Fina’ y su suegra estaban haciendo un buen sancocho.
Me sonó, votamos y salimos y entre saludos y abrazos esperé las 12:30 y como quien no quiere la cosa fui a su casa, pero llegué donde su suegra ‘Fide’, y que grato, me encontré con Gutiérrez su suegro y ex de ‘Fide’ a quien quiero mucho y tenía rato de no ver, charlamos y le pregunté por la cría de chivos y me dijo que se la habían acabado los ladrones y que ahora tenía unas vaquitas pero el verano lo tenía acosado.
Me voy les dije y me levanté del asiento y fue cuando Fina exclamó, no señor, no se vayan, ya la sopa está y les están sirviendo. ¡Huy Dios mío! Que delicia, que yuca, que malanga, que mazorca y que ahuyama, para no hablar del hueso de pecho carnudo y el arroz de palitos; no hay nadie en el mundo que haga mejor un arroz y un sancocho que una guacochera, su sazón es único y la plaza los domingos debería estar llena de ventas de ellos.




