El Festival es un bálsamo para los vallenatos en una semana, el sonido encantador del acordeón, el repicar de la caja y el brillo de la guacharaca logran fundar una realidad fantástica. En nuestra fiesta “pro tempore” los pesares descansan y se confortan los bolsillos de todos.
La envergadura del Festival Vallenato ha tenido un proceso de evolución para lograr trascender. Hoy cuando se habla de vallenato el mundo evoca a Colombia. Evolucionar para la música vallenata no fue un proceso sencillo. Nuestros intérpretes lograron repercutir surcando largos caminos, pedregosos y polvorientos, enfrentaron el descrédito de las zonas inexpugnables fundadas por las elites nacientes, sin embargo, raudos continuaron escribiendo historias musicales con mensajes desinteresados, inherentes a los cultores de poesía y al escritor contador de historias, conservando la nobleza y estirpe campesina, que sin lucro de la oportunidad apropiaron la implementación de la juglaría.
Es natural que los avances y cambios definidos como modernidad musical hayan tocado las colindancias de la música vallenata, no es por suerte que nuestro folclor sea galardonado en los Premios Grammy Latino. El Festival de la Música Vallenata mantiene la originalidad de folclor, a través del espíritu del concurso que con notas auténticas en la interpretación de los cuatro aires (Merengue, Paseo, Son y Puya) corona como rey vallenato al mejor acordeonero. Mantener la esencia folclórica debe ser una consigna inmarcesible que carga sobre sus hombros la Fundación del Festival de La Leyenda Vallenata.




