Previo al fútbol moderno, se practicaban en Inglaterra juegos colectivos con balón en los que se podían desafiar pueblos enteros. Eran muy numerosos, con pocas reglas y frecuentes golpes, lesiones y enfrentamientos. A pesar de las normas, que hoy sí existen, persiste la violencia.
El fútbol comenzó a reglamentarse en Inglaterra durante el siglo XIX, buscando separar el fútbol de las prácticas violentas, pero esta no desapareció: simplemente pasó del terreno de juego a las tribunas y surgieron rivalidades muy fuertes entre clubes y ciudades. El sentimiento de pertenencia —”mi equipo contra el tuyo”— fue adquiriendo características sociales, y hasta políticas. Se reemplazaron las batallas con infantería y fusiles por agresiones en las canchas y graderías. Una especie de catarsis.
Después de la Segunda Guerra Mundial, surgieron grupos organizados de aficionados que acompañaban a sus equipos y que comenzaron a protagonizar enfrentamientos; y entonces aparecieron los tenebrosos ‘hooligans’, **que, a no dudarlo, fue el fenómeno que más influyó en la ocurrencia de la violencia futbolística, observando que durante las décadas de 1960, 1970 y 1980 se hicieron habituales las peleas entre aficionados antes y después de los partidos y fue cuando se dieron dos tragedias que marcaron especialmente la historia. **





