COLUMNA

¿Violencia en el fútbol?

El fenómeno de los hooligans y las barras bravas en Argentina influyó en Colombia, donde factores como la identidad, el territorio, la rivalidad, el alcohol, las drogas, el dinero, el poder y la exclusión han contribuido a convertir el fútbol en un escenario de confrontación.

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Previo al fútbol moderno, se practicaban en Inglaterra juegos colectivos con balón en los que se podían desafiar pueblos enteros. Eran muy numerosos, con pocas reglas y frecuentes golpes, lesiones y enfrentamientos. A pesar de las normas, que hoy sí existen, persiste la violencia.

El fútbol comenzó a reglamentarse en Inglaterra durante el siglo XIX, buscando separar el fútbol de las prácticas violentas, pero esta no desapareció: simplemente pasó del terreno de juego a las tribunas y surgieron rivalidades muy fuertes entre clubes y ciudades. El sentimiento de pertenencia —”mi equipo contra el tuyo”— fue adquiriendo características sociales, y hasta políticas. Se reemplazaron las batallas con infantería y fusiles por agresiones en las canchas y graderías. Una especie de catarsis.

Después de la Segunda Guerra Mundial, surgieron grupos organizados de aficionados que acompañaban a sus equipos y que comenzaron a protagonizar enfrentamientos; y entonces aparecieron los tenebrosos ‘hooligans’, **que, a no dudarlo, fue el fenómeno que más influyó en la ocurrencia de la violencia futbolística, observando que durante las décadas de 1960, 1970 y 1980 se hicieron habituales las peleas entre aficionados antes y después de los partidos y fue cuando se dieron dos tragedias que marcaron especialmente la historia. **

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