Por Óscar Ariza Daza
Las sociedades se están identificando en su entrada a la modernidadpor una enorme preocupación en el manejo ambiental. Cada día las ciudades establecen como prioridad el respeto a sus árboles, parques, humedales, ríos, fauna y flora en general.
Cuando observé por primera vez el logo símbolo de la administración municipal de Fredys Socarrás, un árbol de cañaguate, llegué a imaginar que esta administración establecería un culto rotundo a los árboles y al agua, como muestra de la verdadera transformación que debe tener esta ciudad; creí que se propondría una cultura del árbol, pero pareciera que el arbolito amarillo tuviera como función el anunciar la indiferencia ante la masacre ambiental que viene sucediendo en Valledupar, ante la mirada miope de Corpocesar y de una alcaldía que parece no importarle la vida de los árboles, que fueron destrozados en el parque de los cortijos, bajo el pretexto de mejorar la seguridad; medida que por supuesto no funciona, pues no son los arbolitos los que atracan, ni consumen vicios, tampoco los culpables de este caos en el que vive la ciudad.




