Por: José Gregorio Guerrero
Les hablo de hace cincuenta años. Me cuenta Abel Darío que estaba recién llegado a Patillal después de un tiempo largo de ausencia en el que trabajó en un cultivo de algodón cerca a Codazzi, recuerda: “las motas parecían guanábanas peladas sobre un delicado tallo, ese era mucho algodón hermoso” me dijo con ese hablar apaciguado que lo caracteriza.
Fue entonces cuando tocó la medula de la charla: “al llegar a Patillal hice un listado de las mujeres casaderas y lo analicé con detenimiento” ¿Cuántas formaban el listado? Le pregunté “como unas nueve” me dijo y puntualizó: “pero muchas eran hermanas de mis hermanos, y otras muy amigas, así que solo quedó una sobre el tapete, Carmen Rosa” me dijo con una amplia sonrisa.




