Transcurría el año 2003 cuando César Caballero, por aquel entonces director del Departamento Administrativo de Estadísticas (DANE) tuvo a bien publicar las últimas estadísticas que reflejaban la situación del país en materia de inflación, delincuencia, pobreza entre otros aspectos. Una vez se hizo pública la información, con resultados buenos, regulares o malos, según como se quisieran interpretar. Inopinadamente, Caballero recibe una llamada de un funcionario de alto nivel de la Casa de Nariño, quien lo increpó por haber revelado las citadas estadísticas sin la previa autorización de ese despacho, y de poco o nada sirvieron las explicaciones dadas por Caballero, situación que precipitó su renuncia del cargo en mención.
El episodio en comento, no es producto de la imaginación, por desgracia es un hecho real del cual surgen varios interrogantes: ¿por qué la información del DANE tiene que pasar previamente por el Despacho de un alto funcionario del Gobierno? ¿Acaso el DANE es una dependencia del Gobierno? ¿Las estadísticas del DANE son objetivas o responden a intereses ‘Non Sanctus’?
Planteadas, así las cosas, resulta imposible no dar cabida a la suspicacia, y no es la idea de este escrito. No obstante, consideramos que César Caballero adoptó una posición firme que dignifica la labor de quien está a cargo de una entidad independiente que maneja una información altamente sensible, que sirve como insumo para la implementación de las políticas públicas.




