Por: Jose Gregorio Guerrero
No tuvimos otra opción que apelar al recuerdo. Cuando le pregunté por su vida, el brillo de sus ojos se intensificó y emitieron un destello que solo lo reflejan humanos con almas nobles, que por cierto son pocos en este reguero insulso que se ha encargado de dejar el mismo genero humano.
Ella a sus 18 años recién cumplidos, y ya viuda, le tocó enfrentar la vida como venía, entonces se fue a casa de un protector que le mandó Dios. Fueron solo cuatro meses de feliz matrimonio. Es que el tiempo nos va quitando todo por pedacitos, hasta que se lleva el último pedazo: la vida.




