El nombramiento del general Salamanca generó polémica. Pero la verdad es que Salamanca tiene todas las condiciones para liderar el proceso de reconstrucción que necesita la Policía. Es un hombre institucional y un demócrata, no un comunista infiltrado. Es respetado dentro de la Policía y todos le reconocen su lucha contra la corrupción. Además, tiene carácter. Ahora que ya alcanzó el mayor honor posible en su carrera, tendrá aún menos incentivos para callar. De manera que Petro y Velásquez se equivocan si nombraron a Salamanca con el convencimiento de que sería una marioneta.
Ahora bien, el nuevo director de la Policía va a tener un desafío mayor que el que cualquiera de sus antecesores. Uno, porque tendrá que hacer la tarea sin contar con un grupo de generales preparados y con experiencia que lo apoyen. Deberá hacerlo llevando de la mano a los que quedaron.
Dos, porque el deterioro en materia de seguridad es acelerado y palpable. De todos los problemas, el peor es el narcotráfico. Hay más narcocultivos que nunca en la historia y todos los grupos violentos, sin excepción, están hasta el cuello en el negocio. Para rematar, el Gobierno no solo ha renunciado a combatir a fondo el narco, sino que toma decisiones, una detrás de la otra, que los fortalece. Con esos grupos robustecidos, la dinámica del conflicto se agudiza y cada día son mayores los enfrentamientos por el control de territorios, rutas y laboratorios.




