Hace pocos días organizamos una conversación con varios sectores para abordar el tema del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Valledupar, como un espacio donde podríamos ponernos de acuerdo sobre la visión de ciudad que queremos, esto a raíz del enorme caos que reina en la ciudad y las múltiples improvisaciones y obras sacadas de la manga de los mandatarios que no responden a ninguna necesidad real y tampoco han sido debidamente planeadas ni socializadas con los actores de la ciudad, es decir, una ciudad sin norte, o al menos los hechos así lo demuestran.
Dentro de los invitados estaba Rodolfo Campo Soto, exmandatario de los valllenatos en dos ocasiones y uno de los promotores del desarrollo de la ciudad, y al que junto a otros líderes del pasado le debemos lo que hoy somos como ciudad, su éxito, haberse rodeado de un equipo extraordinario y con una característica en común: amaban su ciudad.
Mediante programas sociales y de real participación en las decisiones lograron conectar a la ciudadanía con sus barrios, con sus calles y sus parques, obras por autogestión que lograron pavimentar calles y carreras que jamás hubiesen podido ser intervenidas sin la implementación de este tipo de programas, es decir contó con el apoyo de gente buena.




