Entendí que cumplir un sueño no consiste en llegar al lugar imaginado, sino en convertirse en una mejor persona después de haberlo habitado y en corresponder a la responsabilidad que implica caminar por sus pasillos.
Los sueños son solo la punta del iceberg de todo lo que realmente los acompaña: ese derroche de ilusiones, emociones y experiencias que permiten recolectar un sinfín de recuerdos inolvidables.
Es inimaginable describir la majestuosidad que transmiten esos lugares soñados con solo contemplarlos: el mármol, la madera, las sillas de los escritorios, los percheros para bolsos, bufandas y sacos elegantes; el carrito de merienda con su campana y el café que nunca falta.
