A la Clínica Valledupar, la Subcuenta de Seguro de Riesgos Catastróficos y Accidentes de Tránsito (ECAT) del entonces Fosyga (Fondo de Solidaridad y Garantía) del sistema de salud colombiano nunca le pagó la facturación —al menos mientras yo era uno de sus socios—, debido a que funcionarios del Fosyga le objetaban las cuentas de cobro por la falta del soporte de algún requisito del servicio prestado a las víctimas desprovistas de seguros médicos. Es decir, la clínica perdió una suma grande de dinero dizque por facturaciones insuficientes.
Una vez, en la clínica se presentó una persona ofreciendo su influencia con el propósito de lograr que el Fosyga, a través de la subcuenta ECAT, le pagara a la clínica las cuentas que le debía, si se le concedía una coima en efectivo equivalente al 50 % del total de la deuda. El mediador no disminuyó el porcentaje de la prebenda porque le tocaba repartirla entre los integrantes del carrusel de sus cómplices. Con el mismo argumento se negó a gestionar un anticipo de la ECAT, superior a la mitad de la deuda. Lo cual generó desconfianza en los miembros de la junta directiva de la clínica, que desistieron de la ayuda para rescatar el 50 % de la deuda del Fosyga, por el temor de perder más patrimonio.
Estando la clínica soportando la difícil situación por la crisis financiera ocasionada por las deudas de las Empresas Promotoras de Salud (EPS) y otras entidades malapagas, llegaron a Valledupar los paramilitares a combatir a guerrilleros, cuatreros y otros delincuentes que azotaban la región.
