COLUMNA

Un pobre ex alcalde resentido

Tantas veces ocurrió esto, que el pueblo raso se acostumbró a que políticamente todo era igual y al proponérsele algo diferente, muchos cultivaron el terror al cambio. 

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Algún día tendremos que contarle a nuestros hijos menores y nietos, que un diecinueve de junio Colombia tomó la decisión liberal de girar gubernamentalmente hacia la izquierda progresista, eligiendo al exguerrillero Gustavo Petro como presidente de la República; luego de vivir cíclicamente elecciones en las que se alternaban colores emblemáticos de partidos políticos, aparentemente diferentes, pero en el fondo con la misma orientación ideológica y el mismo juego de intereses personales.

Tantas veces ocurrió esto, que el pueblo raso se acostumbró a que políticamente todo era igual y al proponérsele algo diferente, muchos cultivaron el terror al cambio. 

Los dirigentes tradicionales sí saben que el próximo gobierno no va a ser el cataclismo ni la panacea, solo una fuente de las oportunidades que hasta ahora han negado, por su parte, el grueso de los electores adoctrinados por los anteriores, interiorizaron tal negación a una alternativa, que frente a esta realidad la cordura hace aguas y siguen en los comportamientos erráticos de siempre.

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