Por Rodrigo López Barros
En mi columna de hace 15 días, al tratar el tema sobre el interés por la persona, como fuente primigenia que es de los derechos fundamentales del hombre, al final del escrito me referí al Papa Francisco, como un singular y notable líder mundial, en cuyas palabras y gestos cotidianos se puede observar un excepcional ejemplo de inmediatez por el respeto a la persona.
Esa a manera de antorcha luminosa suya la ha portado desde su natal Argentina, a la eterna Roma, y luego al Brasil.




