Por Marlon Javier Domínguez
Hoy leemos en la Misa un relato del Evangelio un tanto difícil de entender (Lucas 12, 49-53). Se trata de dos declaraciones de Jesús que podrían parecernos absurdas si las comparamos con otras tantas que él mismo realiza a lo largo de su vida pública.
Acerquémonos a cada una, pidiendo la asistencia del divino Espíritu para poder comprender lo que hoy Dios nos quiere hablar.




