No es otra inocentada. Muy pocos chiriguaneros han advertido que desde hace un mes se adelanta el velatorio de un muerto, ya en estado de descomposición. El cortejo fúnebre inició su marcha el 20 de enero de 2010, cuando se firmó su ingreso a UCI en una agonía que hacía presagiar la muerte. Los dolientes no aparecen por ningún lado, no aterrizan, tienen años de estar volando en un mundo fantasioso, mientras el olor nauseabundo del muerto invade todos los rincones.
El difunto tiene un valor considerable, la tasación inicial alcanzó la suma de $17.941 millones y hoy llega a los $21.285 millones. Ello confirma el refrán popular que más vale muerto que vivo.
Esa es la herencia que nos dejaron varios actores entre funcionarios, contratistas, aseguradoras, y hasta el mismo ente encargado de vigilar la correcta inversión de los dineros públicos, o sea, la Contraloría General de la República (CGR), quien metió mano oscura en el negocio.




