Por Imelda Daza Cotes
Resulta incomprensible el afán del gobierno por firmar Tratados de Libre Comercio con países del primer mundo sin importar los efectos nocivos sobre la economía nacional. Las asimetrías en esas relaciones son más que desventajosas para Colombia y hacen imposible un comercio justo. Lo dijo Stiglitz, Nobel de economía, a propósito del tratado Colombia-EEUU: “El TLC no es libre ni justo para Colombia” y explicó que si lo fuera, EEUU tendría que eliminar todos los subidios a su agricultura y Colombia tendría que modernizar su sector productivo para que pudiera competir en igualdad de condiciones con las multinacionales norteamericanas.
Además, el TLC con EEUU comprometió la soberanía colombiana. Sólo Washington puede modificar el texto del acuerdo que favorece a las transnacionales frente a las cuales no caben reclamaciones laborales, ni ambientales, ni por violaciones de norma alguna y se promueve el ingreso de capitales foráneos en áreas como la salud, la educación y los recursos naturales. Son Tratados para importar, no para vender porque no hay condiciones para competir.




