Por: Jaime Palmera Pineda
Desde que cumplí los 65 años el transporte publico no me cuesta nada en la ciudad donde vivo, puedo viajar largas distancias sin pagar ni un centavo, cuantas veces quiera y en los días que quiera, eso si, bajo un estricto horario que se cumple con bastante precisión. Los buses son cómodos, con aire acondicionado, soportes especiales para las bicicletas de los usuarios que los necesiten, espacios para uso exclusivo de pasajeros que utilicen sillas de ruedas, en fin, comodidades al servicio de los distintos usuarios.
Las paradas no distan mucho unas de otras y solo en ellas se permite recoger o dejar pasajeros. Hasta hoy no tenía preocupación alguna y me sentía muy contento con ese servicio, y creo que puede mejorar. Ahora pretendo que ningún ciudadano pague por el servicio de transporte público, ni en esta ciudad ni en ninguna otra.




