Por Leonardo José Maya
Una vez hicimos una correría muy exitosa por los pueblos rivereños del Sinú y nos contrataron para una presentación privada, muy bien paga, en Sabanalarga. Fue la catástrofe de mi oficio feliz.
Llegamos a una casa amplísima y en el patio, en una tarima improvisada comenzó la función. Primero aparecieron los conejos, luego hizo aparecer un hermoso arcoíris después de una falsa lluvia en papel de escarcha plateado, hizo el truco de los espejos que devolvían la imagen pero veinte años mayor a la original, el público estaba delirante, hizo el truco de las mil botellas todas del mismo tamaño y entraban sorprendentemente una dentro de la otra, después vino su siguiente truco y comenzaron a salir volando miles de mariposas de variados colores, una de ellas sobrevoló la multitud y se posó suavemente en la frente de una mujer de ojos muy grandes y adornos metálicos en el cuello, en ese instante las mariposas cayeron al piso convertidas en recortes de papel de cometas, hubo un silencio misterioso, Graciliano quedó aterrado, se arrodilló santiguándose y desposeído de su artilugio, en ese instante tres tipos barbudos y extraños se le acercaron y lo dominaron introduciéndolo en una caja grande de madera como un ataúd, lo escuché vociferar exaltado en lengua extraña mientras los fortachones imperturbables y con los brazos cruzados sonreían al público con sus dientes de oro extranjero, este incidente generó un conflicto enorme, las autoridades del país alegaban detención arbitraria el caso se trasladó a los tribunales y allí tardo varios meses en resolverse.




