COLUMNA

Tierra, participación y paz

Para el ELN la prioridad no es la tierra, sino la participación social en la construcción de paz

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En 1997, Heriberto Urbina, ganadero cesarense, fue secuestrado por el ELN. El pasado 24 de abril, con 86 de edad, fue secuestrado nuevamente, al parecer por el mismo grupo.No es de extrañar ni es un hecho aislado; gran parte del Cesar es fundo del ELN, en contienda con otros grupos, y los ganaderos vuelven a ser presa de extorsión y secuestro. 

El 14 de agosto de 2022 fue secuestrado Pedro Nel Hincapié, en Curumaní; el 22 Pablo Sánchez, en Aguachica, quien fue asesinado; el 23 Alberto Ropero, en Pelaya y el 24 Nicolás Picón, hijo de ganadero en Aguachica. En octubre Javier García, en Valledupar; en noviembre Álvaro Rodríguez, en Tamalameque, y en diciembre Jesús Blanco y Gabriel Rincón en Pailitas. En febrero de 2023 intentaron con Gustavo Pérez en Curumaní, y en marzo secuestraron a Amalia Arroyo en Tamalameque. 

A tanta violencia, que no es solo del Cesar, se suman las narrativas que pretenden explicarla: es la tierra y el incumplimiento del acuerdo, dicen unos, mientras quienes sufren la violencia claman, sin ser escuchados, es el abandono del Estado y la sociedad, las rentas ilegales, el narcotráfico convertido en “paraestado” con soberanía en ese país abandonado. 

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