COLUMNA

“Tal vez, sólo tal vez…”

El calor era insoportable. Los rayos de un sol agonizante tiñeron de colores las nubes en el cielo; la brisa, ausentemente manifiesta, no soplaba en aquella ocasión; la sabana estaba quieta y las erosionadas y rojizas colinas completaban aquél extraño panorama.

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Por Marlon Javier Domínguez

El calor era insoportable. Los rayos de un sol agonizante tiñeron de colores las nubes en el cielo; la brisa, ausentemente manifiesta, no soplaba en aquella ocasión; la sabana estaba quieta y las erosionadas y rojizas colinas completaban aquél extraño panorama.

Un cortejo fúnebre avanzaba lentamente y todos expresaban su dolor con gruesas lágrimas que caían de sus ojos. Un lamento rompíael silencio y un grito desgarrador hacía que se estremecieran de estupor los cuerpos de los presentes: “¡Mi hijo, mi único hijo!”, vociferaba una viuda, mientras se aferraba al cuerpo ya sin vida de un joven a quien llevaban a su última morada.

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