La nostalgia me atrapa con frecuencia y mucho más cuando charlo con amigos que manejan sentimientos afines y entonces los recuerdos que es lo primero en asomar, mueven el espíritu como una veleta azotada por los vientos cuyo metacentro desespera al ritmo del oleaje por la amenaza del naufragio a su sistema de estabilidad.
Nunca he llevado una vida desorganizada, ni soy un artista, poeta, o compositor, o escritor, que en su mayoría llevan una vida irregular libre de ataduras, pero sí sé que, amo ciertos estados emocionales que me confunden con la bohemia sin estar aliado a los convencionalismos, ni mucho menos despreciarlos.
No he sido un vago y holgazán despreocupado, desordenado, abandonado de su destino, errante y libertino mucho menos, pero amo los momentos felices como también aquellos estados que me tocan el alma. Aprecio la amistad, la solidaridad, la cooperación social y muchas veces el informalismo me atrae.




