COLUMNA

Son las instituciones, estúpido

Esa reforma no es progresista sino pobrecista, empobrecedora.

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Mataron el tigre y se asustaron con el cuero. Los congresistas hundieron la reforma laboral, pero la amenaza de la consulta de Petro les metió miedo y terminaron aprobándola, con algunas modificaciones menores. Esa reforma no es progresista sino pobrecista, empobrecedora. Da unos beneficios más a quienes ya tienen el privilegio de tener empleo formal, pero aumenta de tal manera los costos para las micro y pequeñas empresas, que miles quebrarán y aumentarán el desempleo y la informalidad.

Tampoco fue buena noticia que la Constitucional, de manera unánime, devolviera a la Cámara la reforma pensional para que arregle un vicio en el trámite. El antecedente es malo por al menos dos razones. Una, ¿en adelante pupitrear un proyecto de ley y no permitir la deliberación sobre su contenido, que fue lo que pasó en la Cámara con la pensional, será un vicio menor, uno susceptible de ser siempre subsanable? La otra, ¿qué hará la Corte cuando la Suprema determiné de manera definitiva que el trámite de la reforma se hizo bajo la perversa influencia del soborno por parte de la Casa de Nariño de los presidentes de Senado y Cámara de entonces? Sería inaceptable y un precedente gravísimo que tales hechos no tuvieran ningún valor en el examen de constitucionalidad de un proyecto de ley.

Pareciera que la Corte tomó la decisión con la consideración de que era muy costoso negarle al gobierno tanto la reforma como la consulta y que, en consecuencia, mejor era dejar viva la primera y hundir de manera definitiva la segunda como, no dudo ni un instante, ocurrirá. La Corte, me temo, también se dejó asustar.

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