Un anónimo maestro rural, en Labranzagrande, Boyacá, vereda Cueta, confinado en una vieja escuela sin servicios, decidió pedir ayuda cuando colapsó su contacto con la modernidad, un panel solar, pensando más en sus cinco alumnos que en su bienestar, para que, en sus palabras, “en un futuro sean personas que le sirvan al país”.
Germán Yanquén personifica la grandeza de su profesión y la resiliencia de quienes habitan la “Colombia profunda”, no porque estén en los confines del país, pues menos de 100 kilómetros separan a Labranzagrande de Sogamoso, sino porque esa “profundidad” tiene que ver más con el abandono que con la distancia.
Con lo que le quedaba de señal, Germán llamó a La W y, con su historia, produjo la solidaridad que surge cuando le ponemos rostros a la pobreza. Aparecieron soluciones y, entre ellas, una empresa que decidió levantar una nueva escuela, sin importar las dificultades ni el número de alumnos.




