COLUMNA

Sin tapujos

Fue sin lugar a dudas, un discurso disruptivo, que acabó de un solo tajo, con una larga tradición donde lo que se hacían eran discursos de sumisión absoluta a los EE.UU.

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Si alguna frase puede definir con exactitud lo que fue el discurso del presidente de Colombia, ante la ONU, es que fue una disertación sin tapujos, directa y sin ningún temor. Un discurso donde el mandatario censuró una vez más el genocidio de Gaza, con una frase que aún retumba por todo el planeta: “Ni los EE. UU. ni Israel son el pueblo elegido de Dios, el pueblo elegido de Dios es la humanidad toda”.

La urgente necesidad de la transición energética hacia las energías limpias, como única forma de superar la crisis climática. Denunció, además, el narcotráfico como la excusa de los EE. UU. para dominar el sur global. Un discurso que defiende la dignidad de nuestras naciones, y muestra la codicia desenfrenada del imperio norteamericano, y la necesidad de unirnos para enfrentar las agresiones perpetradas por Donald Trump, así, con nombre propio (¡!).

Fue sin lugar a dudas, un discurso disruptivo, que acabó de un solo tajo, con una larga tradición donde lo que se hacían eran discursos de sumisión absoluta a los EE.UU. En términos coloquiales, Petro se le metió al rancho al señor Donald Trump, con su discurso pronunciado en Nueva York, sede de la ONU, donde habló de que el Gobierno Trump, lo desertificó, no obstante haber incautado la más alta cantidad de cocaína en toda la historia del mundo (¡!).

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