COLUMNA

Sigo con el análisis de la reforma al sistema de salud

Todos deseamos un sistema de salud ideal, anhelo inalcanzable, porque los recursos son limitados y las personas enfermas inagotables.

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Todos deseamos un sistema de salud ideal, anhelo inalcanzable, porque los recursos son limitados y las personas enfermas inagotables, algunas con patologías ruinosas; en consecuencia, los sistemas de salud deben ser coherentes con la realidad económica. 

Pareciera ser cófrade de los opositores radicales del presidente Petro, no, ya que mi conocimiento y experiencia me exhortan a defender este proyecto de ley conducente a transformar el actual sistema de salud, para que todos los colombianos (especialmente ‘los nadies’, que según Eduardo Galeano, son los despreciados y olvidados por la indiferencia social carente de solidaridad y caridad) tengan acceso oportuno a la atención de la salud que, en 2015, en nuestro país el Congreso de la República la elevó a la categoría de derecho fundamental mediante la ley estatutaria conocida como Ley 1751.

Hagamos remembranzas: uno de los objetivos de la deplorable Ley 100 era, dizque, favorecer a la población más pobre, porque antes la atención de la salud era abierta en todas las instituciones de salud públicas, pero los más beneficiados eran los más ricos; por ejemplo, los gamonales políticos que siempre han sido propietarios de grandes fortunas y quienes nombran a los directores de las instituciones estatales, por sus influencias, sus trabajadores recibían atención gratuita y, prácticamente, la atención de la salud solo la pagaban los pobres, más que todos aquellos carentes de influencias (ajenos del clientelismo politiquero). Con la proterva Ley 100 los más beneficiados son los politiqueros y aquellos que les ayudan a financiar sus campañas proselitistas. 

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