En la URI de Fiscalía de Bosconia, en ejercicio de mi trabajo como defensor de confianza, atendí a un capturado de 25 años de edad aproximadamente, cuando uno de los policías captores percibió que el aprehendido era conocido en el municipio, pues varias personas, incluyendo la encargada del aseo general de esa unidad investigativa, lo saludaron.
Yo no fui la excepción porque, además de recibir la confianza del protagonista penal de ese caso, tenía información de sus condiciones familiares, sociales y personales. Notando tal situación del cautivo judicial los representantes de la fuerza pública respondieron: “¡Ah, pero eres conocido, tal como nos dijiste durante el trayecto!”.
A lo que respondí de manera inmediata sin mucha reflexión: “Claro, el muchacho en el colegio era muy bueno en matemáticas, pero la ausencia de oportunidades educativas y laborales, pertenecer a un hogar disfuncional que normaliza las malas conductas de sus integrantes, así como la mentalidad del poco esfuerzo y el deseo de obtener dinero rápido hacen que algunos jóvenes y, personas en general, ¡se desconcentren, llevándolos a perder el rumbo correcto de la vida!”.




