Cuenta una historia que hace algún tiempo, un hombre menesteroso, sucio, que deambulaba por las calles, vio acercarse a una distinguida joven, elegante y de fino trato; se agachó ante él y lo saludó; el hombre extrañado le pregunta ¿qué quieres, vienes acaso a burlarte de mí… como todos?
No, le respondió la dama, vengo a invitarte a cenar. El hombre se rehusó, pensaba que la hermosa dama, tan elegante, se burlaba de él. Ella insistió.
A regañadientes el hombre se levanta y con pasos trémulos, la acompaña hasta llegar a una cafetería muy elegante; él reconoció ese lugar, había sido su sitio de trabajo durante muchos años, pero lo habían despedido de manera injusta.




