Mañana domingo por la tarde sabremos quién será el próximo inquilino de la Casa de Nariño. Todas las encuestas y sondeos, dan por ganador al ingeniero Rodolfo Hernández. Serán cuatro años duros para Colombia, pero muy buenos para la democracia, la economía y el tejido social de nuestro país, si llega a ganar “el viejito”, como cariñosamente lo llamamos los colombianos.
¿Por qué serán cuatro años duros?. En primer lugar, porque el ingeniero Hernández, va a tener en el Congreso a su más aguerrido contendor. A los congresistas no les va a gustar para nada, que les practiquen una liposucción para quitarles la grasa de la burocracia (altos sueldos, lujos y prebendas), que han ostentado toda su vida. También se van a oponer a que les quiten el manejo de las partidas que ayudan a gestionar para sus regiones en el Presupuesto General de la Nación, y que les dejan una buena tajada por las comisiones que les piden a los contratistas que ejecutan esos millonarios recursos.
Tampoco va a ser fácil acabar con el régimen perverso de la complicidad y de los pactos entre los sectores público-privado; sacar adelante la reforma a los cuestionados procesos de elección de Contralor, Procurador y Fiscal General de la Nación, y concertar al mismo tiempo, una reforma integral a la justicia, que acabe con los carteles de la toga y los eternos procesos judiciales en el país. En términos médicos, le toca aplicar un procedimiento de quimioterapia para desaparecer este cáncer de la corrupción que ya hizo metástasis en los tres poderes públicos, y, que, le cuesta a los colombianos más de 50 billones de pesos anuales.




