Este ha sido, y sigue siéndolo, el gran reto de la humanidad, desde sus orígenes oscuros. ¿Lo ha logrado en la modernidad? Apenas a trechos. El reto sigue ahí, de cuerpo presente, en todos los órdenes existenciales.
Demos por sentado que el hombre científico, tecnológico y técnico ha superado las luchas primitivas contra las fuerzas de la naturaleza, que lo subyugaban inmisericordemente; sin embargo, la superación no ha sido del todo, y por tanto, esa realidad la podemos parangonar con dos mitos de la arcaica imaginación griega, el de Sísifo, que narra una de los pulsos iniciales entre los dioses y los hombres, en busca estos de su emancipación primigenia: Sísifo lleva una piedra hasta la altura, pero ella vuelve a despeñarse enésima.
Otro mito significativo al respecto es el de Prometeo Encadenado: le roba el fuego de la sabiduría a los dioses y estos lo castigan con la picadura diaria e infinita de su hígado por parte de un águila.




