Por Marlon Javier Dominguez
El joven maestro Jesús inicia su actividad misionera, luego de haber sido bautizado en el Jordán; anuncia que está cerca un Reino justo, pregona por doquier una noticia que encuentra fácil acogida en los corazones de sus oyentes: Dios no es aquél ser castigador e intransigente del que se venía hablando hacía siglos, ni la relación de los humanos con la divinidad debía estar marcada por el miedo y el ofrecimiento de sacrificios materiales.
Dios, según lo pregona el carpintero de Nazaret, es Padre que ama y perdona, pastor que busca la oveja perdida, providencia infinita que se ocupa del bienestar de sus hijos sin esperar contraprestaciones. A este Dios no hay necesidad de ofrecerle sacrificios de ovejas y vacas, sino simplemente un corazón bien dispuesto.





