La ley 78, dada a partir del 30 de diciembre de 1986 inició el proceso de elección de los alcaldes por voto popular.
Desde entonces lo que en principio se hacía por designación comenzó a darse con una participación y responsabilidad más del pueblo.
Los candidatos, unos políticos y otros no, comenzaron a desarrollar campañas en torno a un nombre, sus capacidades y condiciones intelectuales que los hiciera atractivos ante el pueblo que al final depositaria en el que fuese escogido, toda su confianza.




