Un amigo muy convencido de sus decisiones, retadoramente me dijo que él había escogido el camino adecuado, refiriéndose a su apoyo político para algunos candidatos al Senado de la República y a la Cámara de Representantes, todos cuestionados por su deficiente desempeño.
Su vehemencia tristemente me llevó a confirmar las tantas ocasiones que el dinero fácil disfraza, con tiernos pétalos de rosas, la ruta al infortunio, inducida por el simplista e inconmovible adoctrinamiento de la comodidad particular. Aunque parezca increíble de inmediato lo justifiqué.
Sin que realmente tenga yo capacidad para hacerlo, simplemente me relajé y lo tomé como un caso más donde el ser humano se deja confundir por la efímera prosperidad individual que el inequitativo sistema político actual cede a cambio de la complicidad y el silencio, y sobre la que edificará todo tipo de sofismas defendidos por las mismas víctimas, ciegas y sordas, al tiempo que promueve la autonomía intelectual como condición esencial de una elección de servidores públicos en plena libertad.




