Para nadie es un secreto que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, cifradas en 304.000 millones de barriles, por encima de Arabia Saudita e Irán. Su producción de crudo, a través de la estatal petrolera PDVSA, alcanzó su punto más alto en 1997 con 3,45 millones de barriles/día. El año anterior a la asunción del poder por parte de Hugo Chávez Frías la producción de crudo en Venezuela rondaba los 3 millones de barriles/día.
Entre el 2010 y el 2020, los precios del crudo oscilaron entre los US $41.96 y US $111.25 el barril. Gracias a los altos precios del crudo, Chávez ejerció una activa diplomacia del petróleo, mediante el programa Petrocaribe, en Centroamérica y el Caribe, a quienes favoreció con la entrega de crudo en “condiciones preferenciales de pago”. Luego se produce su relevo por parte de quien fuera su vicepresidente, Nicolás Maduro.
Bueno es hacer un parangón con Colombia, en donde se hizo popular el acertijo, tratando de establecer qué tan cerca estaba el punto de inflexión en el que la producción de crudo por parte de Colombia y de Venezuela se equipararían, en el primer caso subiendo y en el segundo a la baja. Ello, en momentos en los que la producción en Colombia alcanzó el millón de barriles/día y para entonces en Venezuela la producción había caído hasta los 2.5 millones de barriles/día. En efecto, diez años después, en el 2023 se cumplió el vaticinio, con una producción de 777 mil barriles en Colombia y 783 mil en Venezuela.
Más recientemente, la producción de Venezuela aventaja nuevamente a Colombia, al tener un repunte hasta alcanzar los 900 mil barriles/día en 2024 y alrededor del millón de barriles en 2025, mientras la producción en Colombia certificada por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) se ha estancado y registró, en promedio, 772 mil barriles/día en 2024 y 750 mil barriles/día en 2025.
En este contexto se da la intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, que comenzó con el apresamiento de Maduro. En su comparecencia ante los medios para dar cuenta del operativo, fue enfático al afirmar que “necesitamos acceso total al petróleo” venezolano. No obstante, el jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio, quiso matizar la declaración del presidente Trump al afirmar que “no necesitamos el petróleo de Venezuela, tenemos petróleo de sobra. Lo que no permitiremos es que su industria petrolera quede en manos de adversarios de EE. UU., como China, Rusia o Irán”. ¡Y ese es el punto!
Cabe preguntarse cuál es el interés que despierta en el Gobierno de los EE. UU., siendo el mayor productor de crudo del mundo con 14 millones de barriles/día, el crudo venezolano. Venezuela es uno de los países con mayor potencial de crudo pesado, el mismo que se requiere para la dieta de varias de las más importantes refinerías de los EE. UU. en la costa sur, la cual demanda importaciones del orden de 5.9 millones de barriles/día del mismo.
El sueño de los EE. UU. es convertir a Venezuela en la Arabia Saudita de Occidente, claro está en la órbita de su control e influencia y así depender menos del convulsivo y convulsionado Medio Oriente. El problema para Colombia es que la mayor producción de Venezuela compite con la suya, pues tienen el mismo nicho de mercado, afectándose por partida doble: menores exportaciones y a más bajo precio.
Amylkar D. Acosta M.





