La polarización es un lugar común. El Acuerdo Nacional de Petro, ese que proclamó recién electo, se extravió en el anuncio. Lástima, era un instrumento para enfriar la polarización y encontrar un propósito colectivo, pero está sucediendo lo contrario.
El gobierno está tensionando la pita de la polarización. La invasión de tierras, el aumento de la gasolina, la reforma tributaria y ahora la pensional, la inflación, la carestía de los alimentos y las altas tarifas de energía van en esa dirección y pueden provocar una revuelta social. Las redes sociales están caldeadas y de ahí a la calle solo hay un paso.
La polarización no está dejando a nadie indiferente, ni zonas grises. Es blanco o negro o, se está a favor o en contra. Está creando tribus y desencuentros. Con un agravante: Si la desigualdad y el desempleo son altos -y en Colombia lo son- la polarización también lo será. Si la economía y el empleo crecen, la desigualdad cae pero si es al revés, si “decrece” la economía y el empleo, la desigualdad se incrementa y la polarización también.




