Valledupar atraviesa una crisis de gobernanza que amenaza con desleír o disolver los escasos vestigios de institucionalidad que aún la sostienen. La inseguridad, la desigualdad, la deficiente prestación de servicios públicos y la total pérdida de confianza en las autoridades son varias de las sintomatologías de un problema más profundo: la lánguida -para no decir carente- articulación efectiva entre el gobierno, el sector privado y la sociedad civil. ¿Sería posible revertir esta tendencia? ¿se puede rescatar la gobernanza antes de que la ingobernabilidad se convierta en la normalidad? ¿Se puede consolidar un modelo de gestión pública efectivo y eficiente en Valledupar?
La gobernanza, entendida como la interacción entre actores públicos y privados en la gestión de los asuntos colectivos, se encuentra totalmente degastada por la falta de liderazgo estratégico y la ausencia de mecanismos eficaces de participación ciudadana. La toma de decisiones siempre ha tenido una perspectiva de centralización, y la ciudadanía se limita a ser un simple y común espectador de las políticas públicas formuladas sin un diagnóstico realista u objetivo de sus necesidades. La pregunta obligada es: ¿cómo esperar resultados distintos si se perpetúan los mismos errores? ¿por qué la insistencia en soluciones temporales para problemas estructurales?
La noción de gobernabilidad, en cambio, refiere a la capacidad que tiene el gobierno para implementar decisiones y mantener la estabilidad institucional. Empero, cuando la gobernabilidad se sustenta en el control antes que, en la legitimidad, el resultado es una gestión pública marcada por la improvisación, por la espontaneidad y la reactividad ante las crisis, en lugar de la planificación y la anticipación -principio fundamental-. Valledupar ha dado muestras alarmantes de esta deficiencia, con políticas públicas fragmentadas, ejecución presupuestal deficiente (demostrando la incapacidad o imposibilidad de traducir los recursos en mejoras concretas para el bienestar y beneficio de la ciudadanía) y una desconexión entre el discurso oficial y la realidad ciudadana.




