El reciente retiro del proyecto de la “Tasa de Seguridad” por parte de la Gobernación del Cesar fue, sin duda, un acierto. Escuchar las preocupaciones de los gremios y ciudadanos demuestra un acto de responsabilidad frente a la realidad económica de la región. Sin embargo, los rumores que indican que este proyecto podría ser presentado nuevamente el próximo año generan preocupación.
En medio del debate, se sintió la incomodidad de algunos diputados que, sorprendidos por el giro de la Gobernación, no ocultaron su molestia. Habían insistido en diferentes escenarios en buscar alternativas para que la tasa prosperara, y su descontento aumentó tras las críticas recibidas en actos simbólicos como el uso de máscaras por parte de activistas y líderes ciudadanos. Estas manifestaciones son reflejo de una sociedad que se resiste a aceptar decisiones que considera lesivas para el desarrollo de la región.
El proyecto pretende regresar como un “golpe de autoridad”, una tasa que afecta la competitividad no puede ser presentada al estilo Robin Hood, como una solución que solo afecta a unos pocos para el beneficio de muchos. El debate no debe ser un pulso entre el poder público y la ciudadanía; debe ser un espacio para encontrar soluciones que beneficien a todos, sin afectar el sector productivo, que es el soporte y desarrollo.




