Por: José Félix Lafaurie Rivera*
Cuando Juan Camilo Restrepo asumió como Ministro de Agricultura, hubo consenso sobre su idoneidad. Él mismo se comprometió a revertir el drama del sector. No obstante, la “revolución agraria” no llegó. En su lugar, echó raíces el inconformismo entre los subsectores productivos, tras una ineficiente gestión que incluso reprobó la Contraloría General.
Lejos del hombre de Estado que conocimos, impuso un tono político contestatario y personalista que lo llevó a trabajar a espaldas del campo, productores y gremios. Con todo respeto, creo que su dimisión, puede contribuir a retomar la extensa agenda de asuntos rurales sin resolver y corregir el gasto público sectorial.




