COLUMNA

Reforma maldita

Lo que viene sucediendo con la reforma a la salud del gobierno Petro es increíble. Esta reforma, clave, médula del gobierno del cambio, puede ser la que lleve a explotar los acuerdos de gobernabilidad a los que se llegó recién posesionado. 

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Lo que viene sucediendo con la reforma a la salud del gobierno Petro es increíble. Esta reforma, clave, médula del gobierno del cambio, puede ser la que lleve a explotar los acuerdos de gobernabilidad a los que se llegó recién posesionado. 

Parece que esta reforma nos va a hacer el milagro de dejar a la deriva a un gobierno pusilánime e improvisador, que desea a toda costa destruir unos de los mejores sistemas de salud que existen. No hay duda de que es mejorable, todo se puede mejorar, pero el sólo hecho de haber completado una cobertura del 99% merece que lo admiremos y respetemos. Lo que pasa es que como ha sucedido en países cercanos como México, Nicaragua, Venezuela y Chile, la izquierda, el socialismo del siglo XXI, llega al ejecutivo a destrozar lo que la democracia ha permitido construir. Esos logros, que defienden la construcción colectiva por parte de democracias, resultan incómodos para aquellos que pretenden reescribir la historia desde perspectivas mal llamadas progresistas, que actúan desde el resentimiento y la envidia.

La reforma ya ha cobrado víctimas como el mismísimo y hoy exministro Alejandro Gaviria. Recuerdo muy bien cómo, en alguna columna, decíamos que era increíble que este señor hubiese aceptado, al igual que Cecilia López y José Antonio Ocampo, ser ministro de este gobierno. La cosa nos dio la vuelta y opositores como yo hemos terminado agradeciendo ese sí de hace varios meses, para de alguna manera garantizar que dentro de este gobierno no todos piensan y actúan exactamente igual. Reitero que ni Gaviria, ni López ni Ocampo son santos de mi devoción pero, en vista de las circunstancias, terminé valorando auténticamente su participación dentro del gobierno. Lástima que ya uno de ellos fue dado de baja.

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